LOS viejos soldados nunca mueren. Un dicho que podría aplicarse a las historias de espionaje. Han bastado unos pocos años, pasado el optimismo de una era de bonanza planetaria asentada en los valores occidentales, para que el mundo de los espías vuelva a ocupar el lugar que le corresponde desde finales del siglo XIX en el plano literario. Las historias de espías hablan de traición, misterio, muerte, idealismo, aventura, guerra, dinero, sexo, poder y locura. Son tan antiguas como la serpiente que engañó a Adán y Eva en el Paraíso. ¿Cómo podrían dejar de ser un tema dramático recurrente?
Combinando personajes de ficción y reales, Robert Little ha fundido en la novela The Company (Paidós) fragmentos de historias secretas de la CIA que, bien ensamblados, adquieren contexto propio en una saga cuyo argumento abarca varias generaciones de agentes de la Inteligencia norteamericana y sus adversarios del Kremlin.
Little aspira a reflejar toda la trayectoria secreta de la Agencia Central de Inteligencia durante la larga Guerra Fría. “Hacemos un trabajo sucio y lo hacemos bien casi siempre. Pero es imposible hacerlo bien siempre. Lo que nos anima a seguir sin volvernos locos es la convicción de que si algo merece la pena, merece la pena hacerlo mal”. Estas palabras, en boca de uno de los agentes protagonistas, resumen el trasfondo de esta novela de espías, a ratos (bastantes) muy acertada en la ambientación, manejo de diálogos y trazado de personajes como James Jesus Angleton, “el adusto y encorvado mago del contraespionaje”, al que la traición de Philby convirtió en paranoico, viendo espías soviéticos hasta en el cubo de la basura.
Es lástima que el tono de objetividad, exigible a estas alturas en un relato global sobre el espionaje en la Guerra Fría, se rompa al final en una excesiva alabanza al espíritu democrático y astucia de los vencedores, aunque estos no se enteraran de su propio triunfo hasta que el Telón de Acero se vino abajo de golpe con estrépito. Pero la novela mantiene un buen pulso narrativo en sus escenas de acción, que son muchas, con el mérito añadido de sustentar el interés lector por la trama durante sus casi 1.200 páginas.
En el terreno de la no-ficción, un libro reciente viene a recordar hasta qué punto la posesión del secreto y el conocimiento del adversario son elementos determinantes a la hora de las decisiones trascendentales. ¡Espías! Tres mil años de información y secreto (Plaza y Valdés), de Juan Navarro Bonilla, profesor universitario y director del Instituto Juan Velázquez de Velasco para la investigación de asuntos de Inteligencia, pone al alcance de todos el conocimiento de los elementos básicos que definen el espionaje. La obra se abre con una pregunta merecedora de largo debate: “¿Por qué fascinan las historias de espías?” y analiza la historia de la Inteligencia desde los tiempos de la remota Mesopotamia hasta el martirizado Irak actual. Parece obvio insistir – apunta Navarro Bonilla- en la necesidad y la importancia del espionaje y su estudio. Son asuntos que, en la era de la información, no solo mantienen su vigencia sino que se tornan determinantes. Se trata, en definitiva, de poner en práctica la sencilla propuesta del duque de Wellington: “averiguar lo que hay detrás de la colina”.
Modélico como relato periodístico de investigación es La torre elevada (Debate), de Lawrence Wright, que rastrea los orígenes de Al-Qaida y los atentados del 11-S. Galardonada con el premio Pulitzer, la obra es una narración muy bien trenzada que indaga el resurgir del fundamentalismo islamista y la lucha secreta en torno a este hecho inesperado y capital. El mosaico informativo, elaborado con más de 500 entrevistas, va configurando una serie de historias que reflejan la batalla de los servicios secretos norteamericanos y el mundo islámico. Denso de información y aligerado de clichés por el equilibrado tratamiento de una realidad terrorista dolorosa, el libro de Wright pone el foco en los personajes más que en los hechos. Una crónica verídica que se lee como un gran thriller.
También en esa línea de sombra entre literatura y no-ficción se inspira Un asunto sensible (Mondadori), de Miguel Barroso. Tres historias cubanas de crimen y traición- como indica el subtítulo- que abarcan varias etapas de la Revolución, desde los presagios en 1957, cuando cuatro estudiantes que intentaban derribar al gobierno mueren acribillados por la policía, hasta el juicio y ejecución( en 1964) del delator “Marquitos”, y su epílogo: la detención y caída del antiguo dirigente del partido comunista cubano prosoviético, Joaquín Ordoqui, acusado de colaborar con la CIA. Un libro que entremezcla en un tobogán de verdades y dudas los fines inconfesos del poder, los manejos de la CIA y la triste historia de unos personajes convertidos en marionetas históricas.







